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 / Creado por América Quesada / 27/01/2019

Soberanía alimentaria y nacionalismo alimentario

El pasado 22 de enero de 2019 entró en vigor el Real Decreto 1181/2018 relativo a la indicación del origen de la leche utilizada como ingrediente.

Seguramente la mayoría de nosotros escuchamos hablar por primera vez de soberanía alimentaria tras ver las apariciones del francés José Bové en televisión -líder del sindicato internacional Via Campesina- como consecuencia de los graves incidentes durante la cumbre del G8 en Génova en 2001 donde se produjo la muerte de un manifestante.

 

La soberanía alimentaria, como otros movimiento sociales similares, nace como reacción al modelo de globalización que desplazó el proteccionismo y el Estado de Bienestar tras la caída del muro de Berlín en 1989. El despoblamamiento rural, especialmente notorio en España, el crecimiento del desempleo y otras consecuencias de la globalización, han generado una sensibilidad especial y preocupación en los ciudadanos hacia los temas relacionados con la alimentación y su origen.

 

La definición de soberanía alimentaria se concreta en la Declaración de Nyéléni, realizada en Malí en 2007 y reconocida por la FAO_Soberanía alimentaria 

 

La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo. Esto pone a aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos en el corazón de los sistemas y políticas alimentarias, por encima de las exigencias de los mercados y de las empresas. Defiende los intereses de, e incluye a, las futuras generaciones. Nos ofrece una estrategia para resistir y desmantelar el comercio libre y corporativo y el régimen alimentario actual, y para encauzar los sistemas alimentarios, agrícolas, pastoriles y de pesca para que pasen a estar gestionados por los productores y productoras locales. (…) Garantiza que los derechos de acceso y a la gestión de nuestra tierra, de nuestros territorios, nuestras aguas, nuestras semillas, nuestro ganado y la biodiversidad, estén en manos de aquellos que producimos los alimentos. La soberanía alimentaría supone nuevas relaciones sociales libres de opresión y desigualdades entre los hombres y mujeres, pueblos, grupos raciales, clases sociales y generaciones.

 

El nacionalismo alimentario es una concreción menos politizada de la soberanía alimentaria, de corte proteccionista frente a los productos y producción no nacional. Francia es actualmente el país con mayor calado social de esta propuesta alimentaria. No en vano es el país de nacimiento de José Bové uno de los mayores activistas de este movimiento y la cara europea más reconocida. La opacidad de la industria alimentaria ha hecho el resto.

 

La reciente normativa de etiquetado de origen de la leche es fiel reflejo de lo anterior. Poco a poco la legislación va imponiendo un modelo más transparente y acorde con las demandas sociales. Los ciudadanos, los consumidores, tienen derecho a disponer de toda la información a la hora de ejercer sus opciones de compra.

 

 

 

 

 

La leche: Origen

 

El pasado 22 de enero de 2019 entró en vigor el Real Decreto 1181/2018 relativo a la indicación del origen de la leche utilizada como ingrediente en el etiquetado de la leche y los productos lácteos. Normativa similar a este existe ya en otros países de nuestro entorno como Francia, Italia y Portugal.

 

Etiquetado similar a este de la leche recién estrenado, lo vemos ya hace tiempo en la carne y el pescado. Lo que veremos en el etiquetado de leche y productos lácteos con un contenido en lácteos (vaca, cabra y oveja) superior al 50 % será:

 

  1. Origen de la leche o países de ordeño y de transformación, si estas operaciones no se realizan en el mismo país.

2. La indicación “España” sólo puede incluirse cuando el origen, el ordeño o la transformación se realicen exclusivamente en España. En el resto de los casos se indicará “UE” (Unión Europea) o “Fuera de la UE” según dónde se hayan realizado las operaciones.

 

De forma general, y sin querer ser exhaustiva en términos de normativa, esta indicación figurará en:

 

♦ Leche y nata

♦ Cuajadas, yogur, kéfir y otras leches y natas, fermentadas o acidificadas

♦ Lactosèrum

♦ Mantequilla y otras materias grasas de la leche, pastas lácteas para untar

♦ Quesos y requesón

 

 

Estos cambios no los encontraremos inmediatamente en las estanterías de los comercios. La industria tiene un periodo de adaptación de 2 años a la nueva legislación, si se fabrican fuera de España y se comercializan en nuestro país.

Mi misión es ayudar a las empresas a alcanzar el nivel más alto de calidad en el área de seguridad alimentaria.